“Mala idea, Profesor Lockhart”…
Alguna vez han sentido que su patética vida no puede ser aún peor, pero al cabo de unos años descubren que en realidad apenas comienza…Y todo en menos de dos míseros años.
Si se trata de sencillez mi nombra pinta en todo el asunto, es decir, no me atribuyo todo el exquisito placer de torturar a Harry-Cabeza-Rajada-Potter, para eso conté con la ayuda de Gilderoy Lockhart. ¿Graciosa la vida, no?, después de Potter, Black, Lupin, Weasley y de nuevo otro Potter, conocer a otra persona igual de detestable…llego, a su vez con el “Encantador”, una clara muestra de que todos los libros no son sabios.
Y es que el gnomo que persiguió a Potter le brindo una hora de risa en su despacho, ese fue uno de los días más felices, o tenia la pinta de uno ¿Qué lo arruino?, el presente de su colega menos apreciado, el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras se le había ocurrido darle, ni más ni menos que la auto-biografía de Gilderoy Lockhart “El Encantador”.
Lo malo es que no acabo ahí, si no que Minerva viera divertida el paquete forrado de rosa fluorescente, la sonrisa del profesor plasmado en el libro, a Dumbledore sonriendo y diciendo “Ese es el espíritu profesor Lockhart” mientras abría con gusto su propio paquete, mientras yo aguantaba estoicamente la burla.
“Mala idea, Profesor Lockhart”…
Eran ideas mías o de verdad ese rubio tenia cierta obsesión conmigo, si hasta Potter se burlaba, en definitiva su vida era aún peor. Ahora no sólo tenía que soportar a Potty, sino también al Señor Perfecto (y que de Perfecto no tiene nada). Aunque tuve mi desquite en la clase de Duelo, ahí se entero quien era Severus Snape.
Pero sabéis algo, no todo fue sufrimiento en 1992, Potter sufrió más rasguños, Lockhart perdió la memoria, Gryffindor no volvió a ganar la copa de Quidditch, Minerva perdió su sombrero favorito (aquel roído de tela escocesa), Dumbledore se atraganto con una gragea sabor cerilla, y yo perfeccione aún más mi mirada fulminante.
“Mala idea, Profesor Lockhart”…
Haberse metido con Severus Snape y haber creído que no la pagaría, pero os aclaro yo no tuve nada que ver con la poción en su dentífrico, sí aquella poción que puso caries en sus perfectos dientes por una semana (en lo que pasara el efecto).
Ya sabéis bien.
“…os enseñaré a embotellar la fama, elaborar la gloria y hasta a detener a la propia muerte Pero no a combatir las malas ideas de vuestro profesor de Defensa”
Atentamente
Vuestro profesor de Pociones
Severus Snape